

La experiencia dice que acierto
Felipe Salgado. 51 años. Fundador de su showroom homónimo. Periodista y editor de moda. Clarividencia, pasión y sensatez. Aúna colecciones actuales con piezas que le acompañan desde hace más de 25 años. Un universo único entre baldosas modernistas y techos dorados.
El showroom de Felipe Salgado se ha convertido en uno de los espacios más emblemáticos de la ciudad, por no decir de Europa, en lo que a moda se refiere. Techos inalcanzables y dorados decimonónicos. Entre la ropa de los diseñadores con los que trabaja actualmente se entremezcla la colección privada de Felipe. Bernhard Willhelm, Bless, Martin Lamothe, Mühlbauer, Pelican Avenue, Raf Simons y Ssic and Paul; entre piezas únicas de Sybilla, Helmut Lang, Maison Martin Margiela, María Cornejo, Comme des Garçons, Yohji Yamamoto o Vivienne Westwood. Toda una vida relacionada con la moda desgranada por los rincones de su showroom. Una fusión que articula un lenguaje único. Historia, pasión y nostalgia. Bienvenidos al showroom de Felipe Salgado. Bienvenidos al museo de su vida.
ENTRADA Y PASILLO
Justo en la entrada y a mano derecha, uno de los rincones más especiales del showroom de Felipe Salgado; o de su corazón. París, 1990. La primera vez que Felipe asiste a un desfile de Martin Margiela, su diseñador predilecto. Una polaroid lo atestigua, y la invitación firmada y colgada al lado también. ¿Cómo es que nunca le has tenido en tu showroom? “Nunca me he atrevido, le tengo mucho respeto.” Un largo pasillo conduce a la sala principal. A ambos lados, más de una docena de pares de zapatillas resiguen el camino. Fotos, dibujos, carteles y discos. A mi izquierda, la habitación verde; a mi derecha, la habitación de zebra con el telar de Aitor Saraiba. Al fondo, un perchero lleno de sombreros cae del techo en forma de rama. El bosque de Mülhbauer. En la sala principal y colgada en la pared, la fotografía de Marina Abramović con un cachorro de tigre en su regazo; disparada por Xevi Muntané y vestida por el showroom de Felipe. ¿La admiras mucho? “Muchísimo, y tuve la suerte de que mi amiga Rossy de Palma, hace un par de años, le trasladó una pregunta mía para su entrevista en Yo Dona.” ¿Qué le preguntaste? “Cómo entendía la moda habiendo nacido en un régimen totalitario que anulaba cualquier forma de individualismo.” Detrás y al lado de su estudio, una fotografía de Felipe con su pareja, una con su amiga Rossy y otra con Diane Pernet. ¿Qué te transmitió Diane cuando la conociste? “Pensé que era la típica máscara de la moda, pero en realidad lo que la define es que ante todo es buena persona y buena amiga.” Libros, figuras y más libros. También hay mucha ropa, claro. Y más fotos, y más libros. Y en medio: Felipe, en armonía con su universo. Homogéneo en su entorno pero dispar a la salida. Apoyado en su bastón, sonríe. Gafas de pasta y ojos brillantes. Entregado e infalible.
HABITACIONES
¿Cuál es tu prenda fetiche? “Varias, pero sobre todo la bomber de Raf Simons llena de fotografías de Joy Division. Esta prenda explica muy bien lo que significaba Raf Simons en sus inicios y de qué modo su discurso bebía de las culturas juveniles. También le tengo cariño a una parka basada en la subcultura de los mods.” ¿Cuánto tiempo hace que coleccionas? “Toda mi vida. Si no era una cosa era la otra. Pero la ropa y los objetos que tengo por aquí desde finales de los 80.” Estar aquí es como visitar un museo. ¿Cómo entiendes la moda en relación con el arte? “Creo que eso lo decide un poco el que lo siente. Para mí: arte, moda y vida no se pueden separar. Toda mi vida está aquí mezclada: mis recuerdos personales y mis vivencias, ya sea a partir de fotos con mis amigos o de objetos de mis viajes. La moda es vida y el arte es vida. Por eso en mi estudio tengo colgada la palabra ‘life’ con luces de neón. Todo ésto hipotéticamente, porque la moda en realidad es industria y oficio, y sólo en ocasiones se convierte en arte.” ¿Cuándo no entiendes la moda como arte? “Cuando el diseñador no se atreve a tirarse a la piscina por la parte donde cubre de verdad. Por eso me gusta tanto Elena Martín (Martin Lamothe), porque ella se tira sin complejos. En general pienso que ésto es lo que le falta a la moda española.”
SALA PRINCIPAL
¿Cómo definirías la función de este espacio? “El showroom sirve para promocionar y crear imagen de las marcas que representa, para ayudarlas en su distribución y venta, así como en su notoriedad.” ¿Qué tiene que tener un diseñador para que lo representes? “No soy muy complicado para eso. Ya lo dijo Pilar Bardem cuando le preguntaron qué tenía que tener un director para que trabajara con él. Contestó que le cayera bien. Pues yo igual. Me tiene que gustar como diseñador y como persona, y notar que tiene una línea de trabajo con un lenguaje, un universo y unos matices propios.” ¿Buscas talento joven? “Eso me da más igual. El talento joven se puede tener a cualquier edad. Mira a Marina Abramović… ¡Más energía joven que ella, nadie! Y yo igual, con 51 años, y sigo al pie del cañón defendiendo a diseñadores, más por el placer que por el dinero.” Muchas veces has apostado por diseñadores muy jóvenes que con el tiempo han sido muy reconocidos. ¿Crees que tienes cierto ojo para cazar el talento? “Sí, creo que tengo unas antenitas. La experiencia dice que acierto. Margiela empezaba en el 88 y yo escribí el primer artículo sobre él en España en el 89. Y lo mismo con Bless, Bernhard Willhelm o María Cornejo. Pero nunca me habría imaginado que Kim Jones de Umbro, un chico un poco hooligan, acabaría de director creativo de Louis Vuitton hombre; o que Raf Simons iba a acabar en alta costura de Christian Dior. También hemos tenido muchas cosas horrorosas, todo hay que decirlo, pero había que tenerlas por motivos económicos. Hay que hacer pequeñas concesiones para poder pagar todo ésto. No soy ningún hippie.” ¿Cómo es un día normal de trabajo en el showroom? “Intentamos capitanear ésto según nuestra filosofía de trabajo: pensando ideas para colgar en las redes sociales o informando de forma personal sobre lo que nos va llegando. También atendemos a los estilistas, que muchas veces no vienen con las ideas muy claras. Te dicen que necesitan ropa para un reportaje de baños y de golpe ves que están mirando abrigos.” Es imposible no distraerse aquí. “Puede ser, pero muchas de las prendas o de los objetos no se prestan porque forman parte de mi colección personal o me ayudan a construir un lenguaje que apoye a las colecciones de nuestros clientes. No quería que el showroom se convirtiera en un espacio blanco y minimalista, con un burro lleno de ropa.”
ESTUDIO
¿Cuándo vienes a vivir a Barcelona? “En 1987.” Antes estabas en Madrid. ¿Por qué decides venir aquí? “Porque me cansé un poco del Madrid tan loco de aquellos años. Me gustaba mucho Barcelona por el clima y el mar, y además tenía oportunidades de trabajo. Pero básicamente por cambiar de estilo de vida, más que de ciudad. Madrid se estaba muriendo cuando me vine. El ambiente era muy decadente, había entrado a saco la la heroína. Quería escapar un poco de aquello, que se había convertido en la noche de los muertos vivientes.” ¿Qué amigos conservas de esa época? “Muchos, los mejores. Los sigo conservando a casi todos, y estoy muy orgulloso de ellos porque han sido mi mejor escuela. Eran gente de mucho talento, muy creativa. Son ellos los que me enseñaron a entender mi trabajo y, en general, la vida, con mucha más libertad. Los conservo…a casi todos.” Su silencio manifiesta un casi ajeno a su voluntad. ¿Cuándo empiezas a trabajar en moda? “Lo de abrir un showroom me lo ofrecieron, fue una casualidad de la vida, como todo. Yo trabajaba en prensa, era periodista en b-guided. Fue entonces cuando conocí al jefe de marketing de la marca deportiva Umbro en Inglaterra, antes de que empezaran a hacer la colaboración con Kim Jones. A ellos les interesaba meterse en el mercado español y vieron que yo les podía servir de guía. Al principio pensé que no me interesaba porque no tenía ninguna experiencia en este ámbito, pero como editor de moda había estado en contacto con muchos showrooms y eso me ayudó a saber lo que no quería hacer si abría uno propio.” ¿Qué es lo que no querías hacer? “Un showroom impersonal y de correos electrónicos masivos e indiscriminados. No me interesa la comunicación dando palos de ciego. A mí, como editor de moda de b-guided, me llegaron a enviar la nota de prensa del disco del aniversario de la muerte de Fofo, con los grandes éxitos de Gaby, Fofo y Miliki. ¡Como editor de moda! Eso me sirvió para saber que quería hacer una cosa mucho más personalizada. Los showrooms se habían convertido en un servicio de mensajería, y en general todavía lo son.” ¿Cuál es tu filosofía de trabajo? “Yo entiendo este trabajo de una forma mucho más personalizada y pequeñita. Se trata de lanzar el mensaje correcto a la persona que lo quiere o lo debe escuchar. No se trata de vender humo sino de vender maravillas a quienes las necesitan.” Si no hubiese abierto el showroom, ¿qué estaría haciendo ahora mismo Felipe Salgado? “Quizá seguiría escribiendo, no lo sé, porque en estos tiempos escribir es muy difícil. Me imagino que seguiría como periodista de moda, o como consultor o prescriptor de moda o de estilo. Nunca lo sabré. La cuestión es que estoy aquí.”
























Felipe Salgado con Marta Domínguez, su mano derecha. Al hacer la foto Felipe no pudo contenerse: “¡Marta! ¡Ven aquí! Ponte a mi lado y yo me apoyo en ti, porque literalmente eres mi apoyo.”